Música, Jazz
El sonido y la furia:
notas sobre la vida y obra
de Charles Mingus

Por Romeo LopCam

Referencia ineludible del jazz moderno, Charles Mingus es por mucho, el mejor contrabajista del siglo XX y uno de los más excelsos compositores que ha tenido dicho género. Con raíces muy profundas en el góspel, el blues y el swing; muchos de su trabajos anticiparon el free jazz, incluso en cuanto a su contenido político. Líder indiscutible de múltiples formaciones, creó sin temores ni titubeos, piezas que exploraban sonidos innovadores aunque bien ancladas en la tradición, sin caer nunca en el conservadurismo.

Mingus nació el 22 de abril de 1922 en la ciudad fronteriza de Nogales, Arizona, cuya parte sur se encuentra en Sonora. Pasó su infancia y adolescencia en el barrio de Watts en Los Angeles, California. En 1965, dicho lugar sería el escenario de una revuelta en contra el racismo y la discriminación que marcó un punto de inflexión dentro de la historia del Movimiento por los Derechos Civiles. Y aunque para ese entonces hacía mucho que Charles vivía en Nueva York, el hecho nos permite suponer que mientras residió en ahí, el desprecio y el abuso de la sociedad predominantemente blanca hacia la población de origen afroamericano no fueron menores, sino todo lo contrario.

Por ello no debe sorprendernos que durante toda su vida Charles Mingus haya combatido el racismo —o lo que a veces, quizá apresuradamente, percibía como tal— haciendo acopio de toda su ira. Rara era la entrevista en la que no vapuleaba a su interlocutor, denunciando las injustas ventajas que a su juicio se le solían otorgar a los músicos blancos. Hombre grande en más de un sentido, no dudaba en usar su imponente físico para zanjar un discusión, así como su potente voz para mandar a callar a algún periodista impertinente. Su fama de persona irascible estaba más que justificada, sin embargo llama la atención que en muchas de sus fotografías circunstanciales sonríe.

Como apuntó en su polifónica autobiografía, titulada Beneath the Underdog y traducida por Mondadori como Menos que un perro, Mingus se sentía afroamericano por elección, ya que su ser todo era, valga el oxímoron: mestizaje puro. Su abuelo materno era chino, nacido como súbdito británico en Hong Kong, mientras que su abuela materna era afroamericana. Su padre por otro lado, era el hijo ilegítimo de un peón agrícola negro y la nieta de su patrón, de origen sueco. Por si eso fuera poco, al morir su madre unos meses después de haberlo parido, su padre contrajo segundas nupcias con una mujer de origen amerindio, quien lo crió.

La intención inicial del joven Mingus era sumarse a una orquesta de música clásica, para lo cual tomó clases de trombón y violonchelo, pero ante las pocas perspectivas de ser aceptado en alguna de ellas dado su color de piel, se inclinó hacia el contrabajo, alentado por Buddy Collette, quien lo integró a su banda de swing. Al mismo tiempo empezó a desarrollar sus habilidades con el piano, instrumento con el que grabaría álbumes como Mingus Plays Piano: Spontaneous Compositions and Improvisations en 1963.

Su reputación como contrabajista creció rápidamente, cosa que lo acercó a músicos como Louis Armstrong, Kid Ory, Lionel Hampton y una de sus mayores influencias: Duke Ellington, quien no obstante lo echó de su orquesta apenas tres días después de haberlo contratado, luego de que tuviera un altercado con el trombonista puertorriqueño Juan Tizol. Años después de este incidente, en 1962, Ellington lo buscaría para grabar junto al baterista Max Roach —uno de los grandes socios del propio Mingus— el extraordinario álbum Money Jungle, en donde el pique entre ambos resulta evidente.

Junto a Roach, Charles participó también en el mítico concierto que diera Charlie Parker con un saxofón Graffton de acrílico —luego de haber empeñado el de metal para costearse su adicción a la heroína—, en el Massey Hall de Toronto, Canadá, en 1953. También tocaron Dizzy Gillespie y Bud Powell. La grabación del mismo, que a decir de muchos es el clímax del bebop, fue lanzada por Debut Records, sello del propio Charles Mingus y Max Roach, bajo el nombre de Jazz at Massey Hall. Posteriormente a éste evento Mingus empezaría a construir su propia discografía.

Suele señalarse al álbum Pithecanthropus Erectus de 1956 como su verdadero despertar, pero ya en el disco en vivo Mingus at the Bohemia de 1955 se le percibe en plena forma, incubando aquella explosión de sonidos revolucionarios que nos regalaría en sus tres inspirados trabajos de 1959: Blues & Roots, Mingus Ah Hum y Mingus Dynasty. El segundo es considerado por varios críticos como unos de los cuatro álbumes que en dicho año cambiaron el rostro del jazz, marcando distintos derroteros. Los otros son Kind of Blue de Miles Davis, Time Out de Dave Brubeck y The Shape of Jazz to Come de Ornette Coleman.

Antes de ellos también produjo el notable The Clown, en 1957. Y después los imprescindibles Oh Yeah en 1961, Tijuana Moods en 1962 y el que él mismo calificaría como su gran obra maestra, la suite para ballet The Black Saint And The Sinner Lady en 1963. Todos estos haciéndose acompañar por músicos de primer nivel, como su inseparable baterista Dannie Richmond, el multifacético Rahsaan Roland Kirk, el pianista Jaki Byard o el trombonista Jimmy Knepper, a quien por cierto le partió el labio cuando lo sorprendió inyectándose heroína durante una sesión.

De igual forma, cuando el saxofonista Jackie McLean le sacó una navaja luego de que lo despidió por causas similares, tuvo que aplicarle la misma receta. A la larga terminó reconciliándose con ambos músicos, ellos sabían que tenía razón. Mingus detestaba que sus compañeros cayeran en adicciones, en 1965 declaró: «La droga es una de las plagas de esta profesión. Como Charlie Parker se drogaba, muchos jóvenes músicos se creen obligados a hacer lo mismo, convencidos de que la droga es indisociable de la buena música».

Paradójicamente él que tanto se cuidó de no caer en dependencias que lo esclavizaran, acabo desarrollando esclerosis lateral amiotrófica, misma enfermedad que aqueja hoy al reconocido físico Stephen Hawking, pero que en Mingus tuvo un efecto todavía más devastador. Murió en la ciudad de Cuernavaca, Morelos, en 1979, en donde pasó sus últimos meses buscando paliar su dolor, situación que sirvió de base para la obra Mingus Cuernavaca del dramaturgo Enzo Cormann. Siguiendo su última voluntad, sus cenizas fueron esparcidas en el río Ganges.


Publicado en: Yaconic, el 18 de febrero de 2015.