Riot Grrrl: todas las chicas al frente

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A mediados de 1991 salió a la luz el Manifiesto Riot Grrrl. En este se concretaba un movimiento político y artístico hecho por chicas y para chicas, que tomó el punk por asalto para revolucionar todos aquellos espacios en el que estas tuvieran incidencia, con reivindicaciones de índole feminista. Su existencia, no obstante, se remonta a por lo menos un par de años atrás, cuando empezaron a surgir círculos de mujeres que reflexionaban y se comunicaban a través de fanzines, en la pequeña ciudad de Olympia, Washington.

Una de esas jóvenes era Kathleen Hanna, estudiante de fotografía en The Evergreen State College, originaria de Portland, Oregon, a la que podemos ver en el siguiente video, en una sesión de spoken word denominada «The Middle of the Night in My House», en la que una mujer denuncia el abuso sexual que sufrió a los nueve años de edad.

En el excelente documental The Punk Singer se cuenta que fue la escritora Kathy Acker quien le comentó a Hanna en uno de sus talleres, que nadie iba a ver las representaciones de «palabra hablada», sugiriéndole que si quería difundir sus mensajes, mejor formara una banda. Coincidió que por esas fechas dos de sus amigas, Tobi Vail y Kathi Wilcox, tenían una inquietud similar, por lo que juntas decidieron conformar el que sería uno de los grupos más representativos del movimiento: Bikini Kill. Hanna asumió la voz, Wilcox el bajo y Vail la batería, mientras que Bill Karren, un amigo de Tobi que siempre supo dar un paso atrás para promover que las chicas fueran las auténticas protagonistas del proyecto, tomó la guitarra.

El ejemplo cundió rápidamente. Y al igual que ya estaba sucediendo con los fanzines, los grupos de punk conformados mayoritariamente por chicas que abordaban en sus letras temas como el acoso, la violencia de género y el combate contra el patriarcado, comenzaron a multiplicarse. Primero en el noroeste y después en varios puntos de los Estados Unidos. La ola llegó incluso al Reino Unido, en donde surgió una de las bandas adscritas al movimiento Riot Grrrl más potentes: Huggy Bear. Otro grupo destacado fue Bratmobile, cuyas integrantes Allison Wolfe y Molly Neuman participaron, junto a Kathleen Hanna, en la redacción del hoy ya mítico manifiesto.

Musicalmente hablando, el momento histórico en el que sucedía todo esto no podía ser más interesante. En el ámbito del mainstream triunfaba una banda como Guns N’ Roses, liderada por Axl Rose, quien solía hacer alarde de su misoginia y homofobia. Aunque al poco tiempo el número uno de las listas le sería arrebatado por Nirvana, agrupación liderada por Kurt Cobain, el ex novio de Tobi Vail y amigo entrañable de Kathleen Hanna, quien siempre que pudo mostró su rechazo hacia la violencia machista.

En cuanto a la escena underground, el hardcore estaba dando sus últimos coletazos mientras se consolidaba el grunge, que aunque empezó como un fenómeno marginal, pronto se abrió paso hacia el gusto de las mayorías con bandas como la ya mencionada Nirvana, Pearl Jam, Alice in Chains o Soundgarden. El movimiento Riot Grrrl se desarrolló paralelamente a este último, pero nunca llegó a ser tan popular por la sencilla razón de que para sus integrantes el mensaje importaba más que la música. Nunca se plantearon ser famosas, sino empezar una cruzada. Aun así, produjeron varios álbumes que suenan como se supone que debe sonar el punk: algo sucio y descuidado, pero tremendamente poderoso y honesto, fiel al espíritu Do It Yourself.

Las Riot Grrrl eran agresivas, inteligentes y enérgicas. No tenían miedo de expresar su sexualidad, de denunciar los abusos, ni de reclamar lo que era suyo. Una de sus batallas más recurrentes fue luchar por un entorno seguro para las chicas en los conciertos, haciendo que los hombres se replegaran hacia atrás para dejar que ellas disfrutaran de la música y organizaran su propio desmadre. Y es que el slam en aquellos ambientes solía tener justo el efecto contrario: las mujeres acababan en el fondo de las salas, sosteniendo las chamarras de sus hermanos, amigos, novios o amantes.

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Como en cualquier movimiento, con el tiempo afloraron las contradicciones que lo agotaron, pero quien crea estar libre de pecado por favor agarre una piedra y estréllesela en la cabeza. Hanna comenta en otro breve documental, Don’t Need You: The Herstory of Riot Grrrl, que lo que ellas se plantearon fue tener sus propios espacios para pasar el rato, hacer elecciones libremente, aprender unas de las otras y poder equivocarse. Nada más, nada menos. Todo ello sin pedirle permiso o autorización a nadie.

Algunos afirman que duraron lo que un relámpago, pero eso no es del todo cierto. Bikini Kill se disolvió luego de ocho años. Corin Tucker de la efímera banda Heavens to Betsy, sigue tocando hasta la actualidad con su segundo grupo, el virtuoso trío Sleater-Kinney, que sigue bebiendo directamente del espíritu Riot Grrrl. Y aunque hubo muchas otras agrupaciones que surgieron y desaparecieron dejando uno o dos álbumes, su influencia se sigue dejando sentir en vocalistas bastante alejadas del punk pero cercanas al feminismo, como Beth Ditto de Gossip, o Lauren Mayberry de Chvrches.

La misma Kathleen Hanna formó nuevos proyectos como Le Tigre o The Julie Ruin, que a pesar de sonar más amables y menos estridentes, continuaron teniendo sus raíces en el punk y defendiendo en sus letras, además de los derechos de las mujeres, los de las personas LGBT.

¿Porqué escribir sobre ellas? Porque pocos movimientos han tenido ideas tan brillantes. Chicas de todo el mundo se siguen sorprendiendo cuando leen o escuchan sus trabajos por primera vez y se inspiran en ellos para luchar por su libertad, en sus propios términos. Porque vivimos en un país en el que la mujer es considerada un objeto que está ahí para servir al hombre y darle placer. Porque cuando no se ajustan a dicho papel se abusa de ellas o se les mata. Porque hay imbéciles que minimizan o justifican toda esa violencia. Y porque la idea del Manifiesto Riot Grrrl, que afirma que las chicas son una fuerza revolucionaria que puede cambiar al mundo es totalmente cierta.

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Publicado en Yaconic, el 25 de mayo de 2016.